Fotocrónicas (CII)

Cuando el otoño cae al fin derrotado ante el crudo invierno, nuestros bosques y montes toman un aire franciscano. Tonalidades pardas de mayor o menor intensidad anegan estos territorios exuberantes de vegetación.

Las hojas cumplieron su ciclo en el árbol y tras un epílogo de fuegos amarillos, ocres y rojos, se van tornando marrones mientras forman una rica cama vegetal que alfombra y nutre el suelo. Pequeños brotes cárdenos coronan las ramas, son la nueva esperanza para la próxima primavera. Amplias zonas de helechales ocres se quiebran bajo el peso de las heladas, de las lluvias y de los vientos. El aire huele a invierno, cuajado de frescuras y humedad. Solo falta la nieve, que está al caer.  

La imagen de hoy la tomé a primeros de Diciembre desde zona de las Frádigas, en el cordal de las Peñas del Oro, que baja como un tren de mercancías desde los Pancrudos hacia el valle del río Najerilla. El prieto hayedo, los helechos y los brezales adornan como una amorosa bufanda de lana merina los abruptos riscos, los enloquecidos estratos calizos del Pico Peñalba, uno de nuestros más bravíos montes riojanos.

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla