Fotocrónicas (CXVII)

Vista desde el aire, la enorme depresión del Cañón de Delika parece fruto de una hecatombe geológica que hubiera separado por hundimiento la inmensa meseta superior del actual curso del río Nervión. Una visión extraordinaria, apocalíptica, que deja la vista extasiada y el ánimo cohibido por las fuerzas incontrolables de la Naturaleza.

Estamos en los límites entre las provincias de Burgos, Vizcaya y Alava, un territorio de altiplanos, cortados a pico en que parece hundirse el mundo hacia tierras más bajas, jugosos pastos, bosques frondosísimos y ríos que buscan el Cantábrico con el nervio incontrolable que da la juventud. Uno de ellos es el Nervión.

En apenas 75 kilómetros, pasa de ser un tierno arroyo travieso, que es capaz de descalabrarse en una cascada de 222 metros, a una ría ancha y maternal que atraviesa el gran Bilbao con paso quedo y señorial, reflejando en sus recuperadas aguas los signos de una urbe moderna y fascinante.

La imagen de hoy está tomada desde las cercanías de la cascada del Nervión, mirando el curso del río, que discurre insignificante bajo las colosales paredes que lo encierran y le obligan a buscar salida por Orduña, Amurrio y Llodio hacia la gran metrópoli vizcaína.

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla