Fotocrónicas (CXXXIV)

A finales de Febrero la noche se echa temprano, más aún ese día en que el tiempo, plomizo y brumoso, cargado de presagios de lluvia, se obstina en mostrarse triste y desamparado.

Pero, pese a ello, el peregrino se encuentra animoso y fuerte. La noche anterior durmió en Nájera y ha caminado muy a gusto entre las amables tierras onduladas de Azofra, Cirueña y Santo Domingo.

 Las viñas todavía duermen el sueño invernal, pero el cereal apunta con gallardía sus breves tallos verdes que, con la leve brisa de ese día,  semejan el hipnótico vaivén de un mar somnoliento.

El peregrino tiene una querencia desmedida por la contemplación, no lo puede evitar, y va pensando en esas cosas que le asaltan morosamente mientras la tarde vence, mientras se acerca plácidamente al albergue de San Juan Bautista, en Grañón.  

El Camino de Santiago pasa, entre Santo Domingo y Grañón, junto a la Cruz de los Valientes. Un lugar que recuerda unos hechos acaecidos en la Edad Media, en que Martín García ganó para Grañón la propiedad de una dehesa en una pelea cuerpo a cuerpo contra un vecino de Santo Domingo. Reflexiona el andariego, recordando esta antigua historia, que bien pensado el peregrino no hace el Camino, es el Camino el que va haciendo al peregrino, modelándolo a medida que camina. El Camino que nos lleva.

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla