Fotocrónicas (CXIV)

El andariego es una persona que camina por el gusto de caminar, sin mayor obligación que buscar un ejercicio físico, realizar un recorrido por paisajes que no le son habituales (aunque los conozca) y que tiene como meta última desvelar los entresijos del territorio que explora.

Y, además, si camina solo, todo tiene un sabor distinto, como si paladease hasta el tuétano la esencia de las tierras que transita. Los ojos miran con otra mirada, más crítica, más comprensiva, más emocional. Y todo se hace nuevo. Algo así como aquello que decía el sabio sobre el eterno fluir del río: nunca es el mismo, siempre es diferente. Saber mirar.

El andariego gusta de alcanzar lugares elevados, desde donde hacer un alto y contemplar sin prisas y sin impedimentos todo aquello que se le ofrece a los ojos. Hasta donde la vista alcanza lo hace suyo. Y trata de reconocer sus formas y sus texturas, sus colores y sus brillos. Es un hermoso ejercicio de conocimiento que le deja el ánimo esponjoso como el mejor bizcocho.

La imagen de hoy está tomada desde los Helillos, un altozano en la Sierra de Monte Real, en la parte de Ajamil de Cameros. El andariego saca sus prismáticos y se le va el tiempo disfrutando en reconocer el paisaje hermoso y dilatado que contempla: el cordal de la Demanda al fondo, contra el cielo, y los sucesivos planos que dividen los ríos que surcan la geografía riojana desde el occidente hasta el Camero Viejo. Pura delicia.

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla