Fotocrónicas (LXVII)

         Dice el naturalista Joaquín Araújo en un breve escrito de narrativa poética: “Elijo elegir. Y elijo la condición del árbol, porque come luz. ¡Qué delicia desayunar transparencia, almorzar lucidez, cenar ocasos anaranjados! Y con ellos construir el verdor y la sombra y la rara nube, que es toda copa, donde se esconde el canto de los pájaros. Ahora no puedo, pero cuando lo deje, seré lo que he elegido”.

         En La Rioja, aún siendo una comunidad de reducidas dimensiones, tenemos afortunadamente abundancia de zonas arboladas. Hayedos, robledales, encinares, pinares… como especies dominantes. Y un sinfín de otras especies menores, pero también importantes.

         Esta vez nos acompaña una imagen de un hayedo en la Sierra Cebollera. Si la salud de un bosque se mide por el grado de afectación de los musgos y líquenes, entonces en La Rioja vamos bien servidos. Esto es motivo de sano orgullo, pero también es un noble y arduo compromiso: seguir velando por la salud de nuestros bosques.

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla