Fotocrónicas (CXXXII)

En nuestra bendita tierra riojana, tenemos casi de todo. De acuerdo, nos falta el mar. Pero cuántas cosas hermosas anegan este territorio pequeño, diverso y encantador que bien quisieran para ellas otras regiones…

La floración llega a su tiempo, un poco antes o un poco después. Y hacia finales de Febrero le toca el turno al almendro. Y en La Rioja tenemos almendros para regalar. Se ve que esta tierra es querenciosa de ello.

Parece mentira que arrastrando una penuria tan acusada de lluvias, con una tierra que se muestra ya tan exhausta de, al menos, un resquicio de humedad, sea capaz de engendrar prodigios como el que se aprecia en la imagen de hoy. Pero se ve que el suelo conserva el mínimo vital y que le da para alimentar los viejos, nobles y agradecidos almendros.

Estamos a finales de Febrero, en Grávalos, en el Sudeste de nuestra querida Rioja. Desde el Mirador de los Almendros, la contemplación de esa marea blanca y lila toma un carácter casi mágico, máxime en un entorno que, en gran medida, tiene una condición semidesértica.

Nunca debemos perder la capacidad de sorprendernos, de admirar, de agradecer las maravillas que la Naturaleza nos ofrece. Como ocurre en el caso presente, la floración del almendro, un espectáculo cercano, gratuito y de enorme belleza.  

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla