Fotocrónicas (CX)

El buen andariego no recela de la madrugada. Más aún, es muy probable que la busque, porque sabe que ese tránsito incierto entre la noche y la mañana le depara, casi siempre, gratas sorpresas, momentos de contemplación únicos a los que no quiere renunciar .

La luz es esa dama enigmática y veleidosa, que se desea y se teme por igual, que a veces concede sin merecerlo y otros niega sin entender porqué. Ese día de autos, la luz se me insinuó entre densas nubes amenazadoras. Recién había amanecido y, quizás por ello, porque me encontró ya muy arriba en el monte, quiso ser magnánima conmigo y se las apañó para encontrar un resquicio y colarse entre los nubarrones e iluminar la escena.

La imagen está tomada desde las faldas bravías del Butrón superior, más conocido como Maribuena, y recoge un escenario de montes y tierras de labor entre Anguiano y Matute. La luz del amanecer asoma desde el Este, de la parte del Serradero, y comienza a alumbrar con tonos ambarinos la escena. Desde lo más hondo, por donde discurre el Najerilla, va ascendiendo poco a poco. Ya lame los cortados rojizos de Peña Reló. Pronto se atreverá con las duras cuestas que llevan al Pico San Quiles. 

La mañana comienza entre presagios inciertos. Lo que ha de traer está todavía por ver. Pero esa es otra historia, aún por contar.

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla