Fotocrónicas (C)

Aunque el paisaje pueda parecer plenamente invernal, la imagen está tomada un 9 de Junio (día de La Rioja) de hace casi un cuarto de siglo en una ascensión al Aneto que quedará en mi memoria para siempre. Aquella jornada de alta montaña empezó temprano. Mucho antes de amanecer salíamos de la Besurta, a 1900 metros de altitud. Un reguero de luminarias de frontal alumbraba el paso de la comitiva.

Las primeras luces del día nos vieron dejar atrás el refugio de La Renclusa (2140 m.) y enfilar la empinada pala helada que asciende a los Portillones. Intuí la foto, me separé del grupo, medí, compuse y disparé. La inclinación de la ladera, la hilera de montañeros, la luz incierta del amanecer (velada por nieblas matinales), ayudaron lo suyo para lograr este resultado.

Al cruzar el Portillón Superior (2895 m.), se despliega el glaciar inmenso del Aneto. Salvarlo por su parte más alta resulta inacabable. Al fin, en el Collado de Coronas (3208 m.) la cima parece a mano. Pero resta un último peaje, el Paso de Mahoma. Hay aquí más literatura que realidad, más una cuestión mental que física. Sin pensarlo, lo cruzo y alcanzo el punto álgido de Pirineos: el Aneto (3404 m.).

Sentimientos encontrados de orgullo por llegar hasta ahí y de desazón por los malditos crampones, que no me han dado tregua. La meta del día, sin embargo, está 1500 metros de desnivel más abajo, en la Besurta. Y queda atravesar todo el glaciar. Pero esa es otra historia, perfecta excusa para una nueva Fotocrónica.

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla