Fotocrónicas (LXV)

         Cuenta la leyenda que, allá por el siglo VII, Prudencio llegó a ser nombrado obispo de Tarazona y que, una vez fallecido en tierras sorianas, su cuerpo fue cargado a lomos de mula y que soltando las riendas el animal echó a caminar. Así lo había decidido el difunto antes de su muerte. La acémila enfiló hacia el Norte, llegando al fin a las agrestes laderas del Monte Laturce que miran al río Leza. Aquí se paró el animal y ya no quiso moverse más. Esto ocurría el 1 de Mayo del año 713.

         Las aristas rojas y afiladas de Peña Aguda son un lugar inhóspito y disparatado para levantar una obra de dimensiones ciclópeas. Favorecido por privilegios y donaciones, el monasterio adquirió un poder, esplendor y riqueza, que ahora nos parece del todo imposible.

         Hoy en día, el lugar produce asombro por la magnitud de la obra, enojo por el penoso abandono en el que se encuentra, y desánimo por la voracidad del tiempo. Os propongo hacer un paseo largo para acercaros a este insospechado lugar desde Clavijo. 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla