Fotocrónicas (LXIX)

Si como parece el nombre de Valvanera proviene del latín “Vallis Venaria», no cabe duda que quien bautizó así este lugar sabía bien lo que hacía. Encajonado en un profundo valle, cerrado al Oeste por los soberbios Pancrudos, al Su por el Alto Gomare, y al Norte por las Peñas del Oro, el monasterio de Valvanera yergue sus vetustas piedras a 1.000 metros de altitud y parece luchar por no quedar anegado bajo una marea verde que crece sin tregua de forma desaforada.

         La tradición escrita data de inicios del segundo milenio. Para entonces habían pasado más de cien años desde que Nuño Oñez encontrara por estos pagos la talla de la Virgen escondida en el tronco de un roble singular. Al calor de este suceso, un grupo de ermitaños se dieron cita en este retirado rincón de la sierra de la Demanda y, con el paso del tiempo, adoptaron la vida monástica bajo la regla de San Benito.

¿Cuánto hay de leyenda?, ¿cuánto de realidad? Sea como fuere, no hay duda de la enorme sugestión que este lugar y su tradición ejerce sobre todo los riojanos. Y, en concreto, para quienes nos sentimos montañeros, andariegos y romeros como forma de vida.

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla