Fotocrónicas (XCVII)

Dice el rico refranero popular español que “el veranillo de San Martín dura tres días y… ¡fin!». La reiteración de esta circunstancia durante muchos Noviembres ha propiciado una sentencia llena de tino y de gracejo. Parece ser que, desde el punto de vista científico, algo de cierto hay en esta cuestión. Sea como fuere, este año en que estamos los tres días de veranillo sanmartinense han sido unos cuantos más. De hecho, casi todo este mes.                                                              

En estas circunstancias, con días luminosos y tibios y noches nítidas y frías, echarse a caminar por nuestros campos es un continuo deleite. La atmósfera parece recién lavada, la escarcha guiña sus ojos de vidrio en las umbrías y los cursos de agua se adornan con las últimas gasas de niebla antes de que el rey sol, desde el trono celeste, extienda su inexorable ley.                                                         

La imagen de hoy está tomada en la logroñesa pedanía de El Cortijo. El espléndido meandro que aquí describe el Ebro rodea con un cálido abrazo una amplia meseta cubierta de feraces viñas. Desde esa privilegiada atalaya, podemos disfrutar de las luces otoñales pintando de rojos y amarillos los chopos del río, con el manto azul prusia del padre Ebro como telón de fondo.     

 

Texto y fotografía: Jesús Mª Escarza Somovilla